¿Escuelas, hospitales, empleo o megacárceles?
Antes de cada ingreso a prisión hubo una infancia, una familia, una escuela y una comunidad; hubo oportunidades que existieron… o que faltaron.
Costa Rica discute hoy qué necesita para enfrentar el avance del crimen organizado y la violencia homicida, pero plantearlo como «cárceles contra escuelas» es un falso dilema.
La cárcel es necesaria, pero no suficiente
Una megacárcel puede fortalecer la custodia de personas de alta peligrosidad y cortar las comunicaciones del crimen organizado desde los centros penales, pero construir más celdas no reduce, por sí solo, los homicidios ni la reincidencia, y sí genera costos permanentes para el Estado.
La prevención empieza mucho antes
Primera infancia, educación sin exclusión, salud mental, tratamiento de adicciones, formación técnica y empleo digno, sobre todo en las comunidades donde las bandas reclutan jóvenes.
Recuperar territorios no es solo un operativo
Un territorio se recupera cuando los vecinos vuelven a usar sus parques, denuncian sin miedo y viven sin someterse a estructuras criminales. Eso exige presencia policial sostenida, inteligencia, persecución patrimonial y también inversión comunitaria.
¿Somos un Estado fallido?
No. Costa Rica conserva su democracia, sus tribunales y sus instituciones, pero hay señales de pérdida de autoridad estatal en espacios concretos que exigen actuar de forma seria y sostenida.
La responsabilidad individual no desaparece, tampoco la obligación constitucional del Estado de proteger la vida y procurar el bienestar de todos (artículos 21, 50, 73, 77 y 78 de la Constitución Política).
Un Estado sólido no es el que más personas puede encarcelar, sino el que también tiene la voluntad y los recursos para prevenir el delito.
